Publicado en En Libros

Primeras Frases

¿La primera frase de una novela es tan importante? Realmente no lo sé. Hay primeras frases muy famosas:

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“Es una verdad universalmente conocida que un hombre poseedor de buena fortuna debe necesariamente requerir de una esposa” (estoy citando de memoria, así que perdonen las faltas) Orgullo y Prejuicio -Jane Austen.

Un bongo remonta el Arauca bordeando las barrancas de la margen derecha”, Doña Bárbara-Rómulo Gallegos.

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Cien años de soledad – Gabriel García Márquez.

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas […] Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar…” Lolita-Vladimir Nabokov

Esas son algunas de las primeras frases que han marcado la literatura y que, incluso hoy en día, los entendidos estudian tratando de resumir todas las bondades de la obra por  la manera como empiezan.

¿La forma como empieza una novela es importante? Sin duda. He aprendido de primera mano que puedes cambiar un capítulo, el orden en el que suceden las cosas, un diálogo; pero si intentas cambiar la forma en que comenzaste la novela invariablemente tendrás que cambiarla toda.

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Es que esa primera frase asienta el tono que tendrán los acontecimientos a posteriores y comienza a dibujar las situaciones y personajes que se desarrollarán más adelante. Obviamente todos los consejos para escritores dictan que debe ser lo suficientemente interesante para que el lector quiera quedarse en el texto.

“Cada pueblo en Inglaterra tiene su historia. Un día voy a averiguar la de Sorry in the Vale”. Unspoken Sarah Rhees Brennan.

“Esta es la forma en que el mundo termina – no con una explosión o un gemido, sino com zombis irrumpiendo por la puerta trasera” Amanda Hocking –Hollowland. 

Me gustan esos comienzos. Tienen misterio, acción y te atraen para descubrir qué es lo que va a suceder.

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Sin embargo, eso no siempre es definitivo. Uno de los libros que ahora me lleva loca “Shadow and Bone” de Leigh Bardugo comienza con un largo –como lo llamaría mi profesora de redacción “párrafo frase”- que si bien no es terrible, no te atrae mucho. “Los sirvientes los llamaban malenchki, pequeños fantasmas, porque eran los más pequeños y los más jóvenes, y porque acechaban la casa del Duque como fantasmas risueños…”

“Hice una mueca de frustración frente al espejo”, así comienza la famosa Cincuenta Sombras y “Ciudad de Hueso”, que en cuestión de días enfrentará el juicio de la adaptación a la pantalla grande, comienza, si mal no recuerdo, como un  inocuo “¿Estás bromeando”.

A lo que me refiero es que si bien esa primera frase es importante para el escritor, para sentar las bases de lo que vendrá después, no siempre es definitiva para el lector pues algunos la encontrarán atrayente mientras otros no la recordarán, aunque a posteriori puede que les guste el libro en líneas generales.

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Poniendo un caso personal, “Cuatro días en Londres” comienza con una sola palabra. “Bailar”. Como he mencionado antes, cuando empecé a escribir estaba básicamente desesperada, tenía poco más de un mes para tener una novela lista para el premio HQÑ y lo que había pensado escribir no estaba resultando, así que cuando me senté frente al portátil y me dije “tienes que escribir algo” y pensé en estos personajes, esa fue la primera palabra que me vino a la mente. Porque allí empezaba el viaje de Marianne en ese bar y porque bailar era una distracción que ella necesitaba en ese momento para olvidar, eso sin mencionar que como la historia involucraba a un bailarín, la sola palabra tenía muchos significados.

La novela que estaba escribiendo antes –esa que no dio resultado- comenzaba así: “Veinticuatro años”, porque era el día del cumpleaños de la protagonista y sentía que se ponía vieja sin alcanzar las metas que estaban destinadas para ella desde su nacimiento.

Mi próxima novela que espero que vea la luz pronto comienza así: “XXXXX moría del aburrimiento”. Un poco trillado, lo sé, pero sirve bien para ilustrar el estado de ánimo del personaje y  su carácter presumido. Nadie es mejor que él, nada puede ya maravillarlo.

En este punto me di cuenta que mis inicios son de pocas palabras, tal vez porque el mundo del periodismo me enseñó así, tal vez porque no soy muy habladora ¿ambas inclusive? No sé si más adelante eso ser convertirá en un “sello personal” porque no sé si seré publicada lo suficiente para tener un “sello”.

La conclusión es que las primeras frases, en mi humilde juicio, son importantes, pero no definitivas. Lo que me mantiene pegada a una novela es que pasen cosas en cada página, que los personajes me atraigan, que tenga una trama de la que quisiera formar parte, que me sorprenda y que me haga reír. Eso, sin duda alguna, es más importante que una primera frase.

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