Publicado en Cuatro días en Londres

Vadim…suspiro

 

 

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Esto me llegó por correo en estos días y como me puse muy contenta creo que llegó el momento de compartir algo con ustedes pues, a fin de cuentas, son ustedes, las personas que han leído mis libros las que han hecho posible que tanto como Cuatro días en Londres como Una Sonata para ti hayan pasado del formato digital al papel.

¿Recuerdan aquella escena donde Marianne y Vadim se conocen pero contada desde el punto de vista del ruso? El año pasado publiqué una parte, pero hoy la publico completa. Espero que la disfruten. (Puede contener Spoilers)

 

— Bueno días, señor.

Mi primer impulso fue contestar “¿qué tienen de buenos?”, pero a fin de cuentas la culpa no era de Polina y no se trataba de un día malo per se. Sólo era un día como cualquier otro. Levantarse temprano, nadar un par de horas y encarar una mañana de reuniones, llamadas telefónicas, correos por contestar y negocios por cerrar.

— Ya le envié a su teléfono la agenda del día de hoy — prosiguió ella con su tono políticamente correcto —. Está libre a partir de las seis. Recuerde que hoy es el estreno de “Onegin” con el señor Petrov en el Convent Garden. ¿Va a llevar a alguien?

“¡Mierda no!”, fue la primera respuesta que me vino a la mente. Menos mal que llevaba años entrenando para que nada se notara en mi cara, de lo contrario la expresión de horror hubiese aterrado a mi imperturbable asistente.

Sólo pensar en otra cita me hacía considerar la opción del celibato. Ya había tenido suficiente de mujeres maquilladas y llenas de perfume cuyos ojos calculadores se posaban en mi ropa, mi reloj y mi coche al tiempo que sus mentes trataban de hacer una aproximación a los ceros en mi chequera. Eso no era lo peor. La parte más desagradable tenía que ver con ese esfuerzo bilateral por ser educados, inventar un tipo de conversación casual. Todo era tan forzado.

¿Es que en este mundo no quedaban mujeres simples? ¿Sinceras? Con las que pudieras conversar sin tapujos y decirles “quiero que darte un orgasmo y que me ayudes a tener uno” sin que un falso sentido de moral les hiciera abofetearte.

Algunas veces entendía a Sergei: salir, escoger a alguien en un bar y liberar un poco de tensión sin mayores compromisos. Ese tipo de mujeres soportaba ese discurso, soportaban casi todo lo que quisieras hacer con ellas, el problema era que a mí no me gustaban en lo más mínimo.

¿Cuánto tiempo tenía que no me acostaba con una mujer? Demasiado, y la forma en que mi erección me saludaba cada mañana mientras me duchaba era mejor que un calendario para recordarme el paso del tiempo. Aunque intentaba resolver el asunto con mis propias manos, esos orgasmos eran vacíos porque la fantasía no tenía una cara ni una voz.
No obstante, el sólo hecho de dejar entrar a alguien en mi casa, en mi vida, en mi espacio, estaba fuera de toda discusión y el sexo anónimo para las personas como yo, nunca permanecía anónimo por mucho tiempo y en la mayoría de los casos tampoco para Sergei.

Cuando lo conocí me recordó tanto a Daniil. No en lo físico, sino en el impulso autodestructivo que parecía guiar su vida y si no había estado ahí para mantener respirando a mi hermano, al menos haría ese trabajo por Sergei.

Definitivamente Freud tendría un día de campo con toda mi actitud para con el muchacho, pero la psicología nunca había sido lo mío.

— ¿Ya Sergei salió para el Teatro?

— No señor — contestó Polina en ese tono de ella que se parecía tanto a la vida dentro de la cual me protegía: educada, ordenada y sin estridencias —. El señor Petrov llegó cerca de las dos de la mañana, acompañado, —para variar parecía ser la frase obvia, aunque Polina era demasiado profesional para hacer la acotación— y aún no ha dejado su departamento, ni ella tampoco.

Sí, definitivamente un día como cualquier otro, que invariablemente comenzaba con sacar la basura del apartamento de Sergei y poner al muchacho en la ruta para otra jornada más respirando. Tal vez si seguía esta rutina por suficiente tiempo él podría darse cuenta de que estaba desperdiciando su talento y su juventud.

— Voy a bajar, dile a Mikhail que te lleve a la oficina y tenlo todo listo para cuando yo llegue.

No esperé respuesta, no hacía falta. Mis mañanas, y las frases que en ellas se intercambiaban, eran invariablemente las mismas y no dudaba que al abrir la puerta del apartamento de Sergei encontraría los escenarios usuales: Una mujer seguramente voluptuosa – senos falsos que cabrían perfectamente en una fuente de ensalada, extensiones en el cabello y el maquillaje corrido – durmiendo enredada con Sergei en la cama y una bruma de olor a alcohol y humo flotando sobre ellos o, escenario número dos, Sergei y la mujer voluptuosa dándose los buenos días en una ruidosa sesión de sexo en el sofá, el piso, o la encimera de la cocina. Eso sí, con una botella de vodka a la mano para mantener el asunto entretenido.
Jamás esperé que al abrir la puerta me encontraría con el extremo opuesto de lo que Sergei diariamente consumía, y no me refería a las bebidas espirituosas, aunque si trataba de hacer algún paralelismo, ella era jugo de naranja en vez de vodka, mocacchino con doble espuma en vez de ginebra.

Era preciosa en una manera absolutamente convencional, fresca, sin esfuerzo. Como añadidura, estaba completamente vestida y su ropa era normal, no del tipo que busca ofrecer la mercancía. Estaba totalmente fuera de lugar.

— ¿Quién eres tú?

— Marianne.

Eso no cubría ni de cerca todas las implicaciones de mi pregunta, aunque tenía que reconocer que era exactamente lo que le había inquirido. Una “buena chica obediente” pensé con un repentino ataque lascivo.

Tenía ojeras bajo sus ojos pero su expresión, si bien cansada, no era de alguien que había sido jodida en cinco posiciones diferentes la noche anterior y eso me alivió. Podrían haberme torturado y aún así no haber podido contestar por qué, pero me alegró.

Ahora bien si ella no estaba allí por sexo ¿por qué entonces?

— ¿Sergei? — pregunté tratando de disfrazar mi alarma con irritación.

— Durmiendo.

Quería quedarme simplemente allí parado viéndola, tanto que tuve que recordarme que mi visita a ese apartamento tenía un propósito. Es más, mis mañanas en los últimos cinco años tenían un solo propósito.

Pasé a su lado para ir a chequear a Sergei y me dio terror pensar que ella podía desvanecerse a mis espaldas.

Al abrir la puerta del cuarto, el acostumbrado y distintivo olor que tienen los borrachos al dormir me golpeó las fosas nasales. Esto sí era parte del espectáculo usual.

— Sergei hay una mujer en tu sala.

Sergei se revolvió en la cama haciendo unos sonidos ininteligibles.

— Hay una chica en tu sala que va de salida ¿hay alguna razón por la que deba detenerla? — y si él no me daba una, de seguro me la inventaría.

— Ella es maravillosa.

Una carcajada brotó de mi garganta. “Inesperada” era el término con el que la calificaría, pero “Maravillosa” también funcionaba. Lo sorpresivo era que él se diera cuenta.

— La conocí anoche en un bar — no sigas, no me des los detalles por favor. En lo que a mí respecta ella es virgen —, bebí más de la cuenta y cuando llegué aquí le vomité encima.

— ¿Vomitaste mientras te la estabas…?

—No llegamos a eso — alivio. Estaba al tanto de había mil tendencias allá afuera, pero ella no podía ser una pervertida —. Ella me atendió Vadim, no se fue, se quedó conmigo y me frotó la espalda mientras me quedaba dormido. Ella es especial.

En este punto mi mente sufrió un viaje en el tiempo. Estaba allí en ese callejón donde nunca había estado pero que conocía de memoria de tanto verlo en periódicos y reportajes de televisión. Si mi hermano se hubiese topado con alguien así, y no con unos malditos periodistas malintencionados, probablemente aún estaría vivo.

— ¿Es verdad? — me volteé y la chica iba, tal como me lo temía, derecho a la puerta y algo dentro de mí me pedía que no la dejara ir, no así, no todavía —¿Vomitó mientras se estaban besando?

— Bueno, realmente no fue durante, durante. Fue más bien en medio de una pausa.

Tenía un acento curioso, americana sin duda, lo que hacía que cada palabra que salía de sus labios fuera encantadora, juguetona.

— ¿Y así y todo lo ayudase a limpiarse, lo metiste en la cama y recogiste el desastre?

— No me pareció correcto dejarlo en el piso.

— ¿Y te quedaste a cuidarlo?

Ella tenía que tener una falta, un defecto. Esa clase de ternura no era usual encontrarla en las mujeres que recoges en los bares.

— Mira no soy la Madre Teresa — y cruzó los brazos sobre el pecho. Se veía increíblemente linda cuando estaba molesta, como una gatita haciendo una pataleta con sus pequeñas garritas —. Estoy de vacaciones, no conozco la ciudad y me dio miedo irme sola de madrugada. Así que dormí en el sofá, pero sí ocasionalmente le eché un ojo para asegurarme que estaba respirando.

Ella era tan diferente. Parecía estar asustada por algo, pero a pesar de eso me miraba a los ojos.

— No eres su tipo usual.

— Gracias.

Levantó las cejas como si la hubiese golpeado. ¿Cómo podía hacerle ver que el tipo usual de Sergei eran mujeres “baratas” y ella era una joya?

— No es una ofensa.

— Mira, ya es de día, Sergei está vivo y tú estás aquí, así que me voy. A mi hotel — esta mujer estaba intentando escaparse de mí, y también de Sergei, con una rapidez inusual para las de su género. Normalmente a las amiguitas de Sergei tenía que escoltarlas hasta la puerta y así y todo regresaban—. Si no llego pronto, mis amigos comenzarán a preocuparse. Ya les avisé que iba saliendo. De hecho estaba de salida cuando llegaste.

— Yo te llevo — y como presentí que venía una réplica me apresuré a fijar mi atención en otra cosa y Sergei era mi mejor excusa—. Sergei tienes que salir de esa cama e ir a trabajar. Yo me encargaré de sacar a la chica de aquí.

— No hace falta — se apresuró a decir ella y por la expresión de su cara pude decir que estaba maquinando una excusa para declinar la oferta. Tenía que pensar rápido.

— Podrías caer en manos de un taxista poco escrupuloso que te daría vueltas por la ciudad sólo para cobrarte de más.

Ella tenía que aceptar mi oferta, de lo contrario sería capaz de montarla sobre mi hombro hasta que estuviera en mi coche y eso podría traer una demanda que con gusto enfrentaría.

— Gracias.

— No me lo agradezcas, es lo menos que puedo hacer — y a pesar de toda mi experticia controlando las expresiones de mi cara durante años, una sonrisa se coló en mis labios sin mi permiso. No sé por qué sentí que era yo quien tenía que agradecerle. No obstante, busqué algo más cuerdo que decir —. Además voy a atizar a Sergei con esto durante mucho tiempo.
— Créeme, yo voy a atizarme a mí misma con esto por mucho más tiempo.

Eso era bueno. Demostraba que ese tipo de comportamiento no era usual en ella.

— ¡Adios Sergei! Espero que te sientas mejor.

— Lo siento mucho Marianne. La vergüenza me impide salir de la cama.

Nunca había pensado que Sergei era basura, por el contrario, esa era la denominación que le daba a las mujeres que normalmente traía a casa. Sin embargo en este momento no podría creer que fuera tan idiota para dejar ir a una mujer así sin ni siquiera dar la menor muestra de civilidad, como podría haber sido salir de la cama y venir a despedirse.

— Vergüenza parece ser el nuevo nombre de la resaca —ella se merecía toda la cortesía del universo y como ya sabía su nombre lo más correcto era ofrecerle el mío, siendo cauteloso de evitar mi apellido —. Soy Vadim.

Su mano entre las mías se sentía tan pequeña, tan perfecta, una especie de anticipación a la forma como se sentiría su cuerpo bajo el mío. De sólo pensarlo, una especie de corriente eléctrica pasó a través de la piel directamente a esa parte del cuerpo que tenía un buen tiempo sin usar.

Sí, definitivamente ya había encontrado una cara para mis fantasías matutinas.

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8 comentarios sobre “Vadim…suspiro

  1. Hola Eirka, Mis sinceras felicitaciones por tus libros, excelentes sin lugar a dudas. Tengo dos preguntas para ti: para cuando la continuación de 4 Días en Londrés? y dónde en Caracas o Altos Mirandinos, puedo conseguir en papel tus libros? Gracias anticipadas, y muchos éxitos!

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    1. Hola! Gracias por tus comentarios.
      En cuanto a la primera pregunta, “Tres días en Moscú” tiene previsto ser publicado en el segundo semestre del año. Aunque para algunos puede parecer larga la espera, a mi me viene bien pues aprovecho el tiempo para adelantar otra novela sin distraerme con todo lo que implica la publicación de un libro nuevo.

      Con referencia a lo segundo, no sé mucho sobre distribución. Aunque yo soy venezolana, los libros son editados en España y se venden allá. No han llegado a Venezuela y, que yo sepa, tampoco a otro lugar de Latinoaméria en formato físico.

      Saludos y gracias por pasarte por el blog.

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  2. Realmente amé el libro, no sabes lo feliz que estoy de haberlo empezado y de haber encontrado tu nombre! Una sonata para ti suena terriblemente prometedor y en cuanto pueda le voy a echar mano. Pero volviendo a este libro recién lo acabo y me pareció justo y perfecto. La cantidad precisa de hojas y de romance, me mantuvo enganchada hasta la madrugada sabiendo que no iba a poder irme a dormir sino lo terminaba. El desenlace me gustó demasiado, me sacaste montones de sonrisas, y estoy feliz también de como se desarrollaron las cosas para Sergei. Me senti muy identificada con Marianne, con la cuestión de no saber que hacer con su vida…en fin un personajes muy entrañable y es muy difícil que los personajes logren calarme en pocas páginas.
    (Vadim…sin palabras, para el colmo es ruso, lo amé y por momentos quise matarlo jajaja)
    ¡Encima latinoamericana! Que orgullo 🙂
    Un beso enorme y mucha suerte con tus proyectos.

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    1. ¡Gracias! por tus palabras. Todos hemos pasado por ese momento de no saber qué hacer con nuestras vida aunque, desgraciadamente, no conocemos a un ruso enorme en medio del desespero. Vadim es muy “Alfa” y eso era lo que Marianne necesitaba en esa situación. No obstante, las cosas pueden complicarse cuando ella retome su vida sin dudas ni dilemas. Tal vez, tanto “Alfa” sea más de lo que ella esté dispuesta a soportar más adelante.

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  3. Hola, un libro fantastico ¿Crees que podrias contarnos la perpectiva de Vadim la noche que invito a Marianne al ballet? Realmente me parece un personaje intrigante, es decir, ¿que tiene Marianne que la hace especial?

    Saludos Buena suerte en tus futuros proyectos

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    1. Hola…gracias por dejar un comentario…¿qué tiene marianne de especial? Como dice vadim “era jugo de naranja en vez de vodka, mocacchino con doble espuma en vez de ginebra”.
      Digamos que le pareció fresca, normal.
      De todas formas veré si esa escena fluye desde la mente de Vadim…es un poco cerrado el ruso.
      Saludos

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