Publicado en En Libros

¿Quieren leer algo?

readingEl 30 de mayo concluyó en Estados Unidos la Bookexpo America (BEA) donde escritores, editores y agentes se reúnen para mostrar lo que viene, hacer negocios y también conversar sobre el estado de la literatura en ese país, así como de lo que se puede esperar del negocio.

Muchas personas asisten a la BEA para escuchar las conferencias de sus autores favoritos, pero la mayor atención está centrada en la “mesa de los editores”, pues son ellos los que marcan  la tendencia de lo que va a ser “comercial” y lo que están comprando para sus respectivas casas. Sí es mejor asumirlo de una vez, la Industria editorial es un negocio…

Hace seis  años las editoriales querían vampiros, hace tres, distopías, el erotismo llegó a su pináculo hace un par de años y ya está prácticamente de salida.

Los bueno de este tipo de eventos es que puedes conversar por Twitter con gente que normalmente no te daría ni la hora y como soy curiosa y muchos años de periodismo no han desaparecido, yo aprovecho estos eventos para indagar cosas.

Estaba yo hablando con un  agente norteamericano y me explicaba que, en las circustancias actuales, él no compraría un libro de fantasía o paranormal aunque estuviera preciosamente escrito porque son muy difíciles de colocar a menos que te apellides Clare, Black o Bardugo, mucho menos en el mercado hispano. Incluso me dijo que había recibido un manuscrito muy bueno en estos días y le había pedido al autor que cuando tuviera algo de otra temática se lo enviara. Me explicó que el mercado actual lo que demanda romance contemporáneo, más enfocado hacia la tendencia de “new adult” del cual Cora Carmack  es la reina. Concluyó diciéndome que yo debería estar bien por el próximo año (tal vez un poco más ya que las tendencias para el público en español se quedan por más tiempo) ya que eso es lo que yo escribo.

Me reí con amargura frente a la pantalla. Cuando pensé por primera vez que podía escribir algo más que noticias,  siempre creí que escribiría fantasía. Es lo que leo a fin de cuentas. Terminé escribiéndo romántica por casualidad y si mi lenguaje y personajes son un poco más jóvenes que en la “contemporánea” usual, es precisamente derivado de lo que leo, no un esfuerzo consciente. Así que entré en medio de la “tendencia”, y usaré una expresión de mi país, “de chiripa”.

Claro, en el trayecto aprendí a disfrutarlo. Me divierto muchísimo porque, a fin de cuentas, si analizamos la cosa un poco más de cerca, la mayoría de las historias tienen un elemento romántico.

De todas formas, les cuento un secreto: antes de “Cuatro días en Londres”, escribí una novela de fantasía que nunca vio la luz. Era la época en que las distopias se vendían como pan caliente, pero claro en ese entonces se quedó en mi disco duro pues no tenía ni la más miníma idea de qué hacer con una novela terminada, así que seguí con mi vida. Después del premio HQÑ, la envié a un par de  concursos y no pasó nada, así que asumo que no debe ser muy buena o que “se parece demasiado” a otras cosas. De todas formas, les dejo aquí un pedacito para que lean:

*********

El sonido de sus propios pasos la hipnotizaba. Las botas chocando sobre el asfalto, ese eco en la calle vacía y oscura, la acompañaba, le daba la sensación de que realmente estaba allí, de que tenía un lugar en el mundo, aunque fuese en ese mundo.

Selene no pensaba en nada en particular, ni en el sitio al que se dirigía, ni en el calor que parecía aumentar cada día; no sentía rabia, tristeza o frustración. Todas esas emociones con las que vivía a diario y que aceptaba como parte de su existencia sin apenas darse cuenta, se habían esfumado. Sólo estaban ella y el rítmico toc toc de sus zapatos.

Las luces y la música la sacaron de su abstracción indicándole que se acercaba a su destino. “Il Rouge” parecía una isla en medio de la oscuridad y el silencio que lo rodeaban, como si al cruzar una calle se entrara por arte de magia a otra realidad.

Su estructura redondeada y lo cuidado de su fachada no concordaban con el entorno vacío y deprimente. Parecía una lámpara encendida en un campo oscuro al que las polillas se acercan, encandiladas por el resplandor.

Tal vez por esto era el sitio de moda al que todos querían entrar y prueba de ello era la larga fila que había en la puerta.

Los jóvenes esperaban pacientemente por horas para que se les permitiese, aunque fuese sólo por unas pocas horas, adentrarse al mundo de los que ahora eran los privilegiados.

Selene sintió desprecio por ellos. Preferían salir cada noche para preservar su propia sensación de que llevaban una vida normal, en vez de afrontar la realidad y hacer algo para cambiarla. Ellos sabían lo que había dentro de sitios como ese y se mezclaban con ello, validándolo.

Por eso su mundo estaba como estaba.

Se paró al principio de la fila, frente al portero de dos metros y ojos completamente negros. Cualquiera que la hubiese comparado con el resto de los que esperaban no habría apostado ni una moneda a que la dejarían pasar con sus vaqueros viejos, su camiseta de franela casi traslucida de tanto uso y sus desgastadas botas de bombero. No llevaba maquillaje y su larga mata de pelo negro estaba sostenida descuidadamente con una liga sobre su cabeza. En vez de un diminuto bolso, como el resto de las chicas que hacían la cola, llevaba a la espalda una mochila de lona oscura que había vivido mejores tiempos.

— ¡Hey amigo! — protestó uno de los que esperaba para entrar al verla avanzar hacia la puerta sin ningún tipo de vacilación — Ella no es una celebridad, es tan normal como cualquiera de nosotros. ¡Que haga su fila!

El eco de las protestas se elevó. Comenzó como un murmullo a su espalda que fue creciendo hasta transformarse en un escándalo. Selene no volteó y nadie pudo ver la sonrisa que involuntariamente quiso colarse en sus labios y que conscientemente ocultó antes que terminara de formarse.

— Si eres tan buen líder, únete a la Resistencia y no vengas más por aquí —respondió el portero mirando amenazadoramente a los que se quejaban — ¿No?…eso pensé — sonrió con desprecio hacia la multitud y descorrió la cuerda de terciopelo para dejarla entrar.

Al pasar Selene se empinó cerca del portero, le dio un ligero beso en la mejilla y miró desafiante a la multitud. Buscó entre los rostros algún atisbo de rabia o asco por aquel beso que acaba de plantar, algo que volviese a encender los ánimos,pero sólo encontró admiración y en algunos casos, envidia.

“Borregos”, dijo para sí misma, sintiéndose aún más decepcionada de su propia raza.

“Il Rouge” era un local de lujo. Los pisos acrílicos reflejaban las luces colocadas estratégicamente para generar destellos en la oscuridad, la barra era transparente y los sofás de diseño vanguardista. Todo gritaba dinero.

Los bartenders despachaban tragos de los más diversos colores en copas de formas inusuales y

la música, como siempre, estaba a un volumen tan alto que no se podía escuchar a la persona que estaba a tu lado, tampoco a nadie gritar ya fuera de terror o placer.

Atravesó la pista de baile esquivando los cuerpos que se retorcían al ritmo de la música o, en algunos casos, más allá de ella, absortos en su propio mundo. No trató de identificar quién era qué, tampoco prestóatención a la decoración, ni mucho menos a lo que sucedía medianamente oculto en las esquinas o en los sofás del lounge. Sabía de antemano qué era lo que vería y no le gustaba. Pero no estaba allí para crear problemas.

Subió la escalera hacia la zona VIP sin que nadie intentara detenerla. Sin embargo, tuvo que afrontar una gran cantidad de miradas curiosas y hambrientas. Rostros hermosos seguían cada uno de sus movimientos.

Finalmente estuvo frente a la puerta que buscaba y entró sin llamar. Era una oficina moderna y eficiente: un escritorio enorme lleno de los aparatos electrónicos más sofisticados y una silla ejecutiva de cuero negro dominaban el espacio. Una ventana panorámica con vidrios tintados, que permitía ver como se extendía la ciudad a las afueras del local, era la única decoración.

En la pared del fondo una decena de monitores mostraban qué estaba ocurriendo en cada lugar de la discoteca en este momento, probablemente más para satisfacer una enfermiza curiosidad que por la seguridad de los clientes. En “Il Rouge” seguridad de los humanos no era prioridad.

Janus estaba ahí, como cada noche, regentando su negocio desde las alturas yluciendo como si acabara de bajar de una pasarela: pantalones negros de pierna ajustada, camisa blanca con los puños arremangados y unas botas de cuero que le llegaban justo encima de la pantorrilla.

— Selene amor, se considera un gesto de cortesía avisar cuando vamos a hacer alguna visita — dijo sin voltearse.

Quería sonar ofendido pero cuando finalmente dejó de chequear los monitores y se volvió para encontrarse con ella, sus ojos brillaban con genuina alegría, algo que no se encontraba mucho en esos días, menos en un lugar así.

Ver a Janus siempre llevaba a Selene a épocas menos confusas, cuando se suponía que en la guerra había dos bandos fácilmente identificables. En ese entonces, Janus, Ilios y ella estaban con los “buenos”, ahora los tres eran sólo un área gris.

— ¿Quieres que me vaya?— preguntó ella en broma señalando la puerta con sus dedos.

— ¡Nunca!— dijo Janus acercándose para abrazarla pero instintivamente ella se apartó para evitar su contacto.

Cualquiera de las chicas que estaban en la discoteca, e incluso las que esperaban afuera, daría hasta su vida, literalmente, por una abrazo de Janus. Pero a pesar de todo lo que lo quería, de todo lo que habían pasado juntos, Selene sabía que ahora era peligroso e incluso él mismo se encargaba de recordárselo cada vez que podía.

Por fuera era el mismo Janus: enorme y hermoso. Con ese cabello negro que le caía en picos desordenados sobre sus ojos azules dándole un aspecto de niñito travieso, pero por dentro había cambiado. Ahora formaba parte de aquellos que habían tomado posesión de su mundo convirtiendo a los humanos en mera escenografía.

— ¿Me tienes algo? — dijo Selene llenando el silencio incómodo que había producido su rechazo.

— Siempre puedo darte dinero…mucho. No tienes que vivir como vives, tampoco Ilios.

— El dinero puedo conseguirlo en cualquier lado, además no sirve de mucho. Sabes lo que quiero.

Janus levantó las manos en señal de exasperación.

— No entiendo por qué insisten en jugar a ser Robin Hood. La gente que intentan salvar nunca ha estado interesada en salvarse a sí misma.

Ella lo sabía. Hacía 13 años que el Gran Brujo Zevac había llegado al poder en su país, Gorgos, con el apoyo de la gente que creía que la pobreza y la desigualdad en la que vivían serían resueltas con magia. Pero los planes de Zevac eran otros, Comenzó a hacer pactos con demonios y a darles cabida, primero en su régimen y luego en la sociedad.

El proceso fue tan lento que la mayoría de las personas se acostumbró a vivir entre aquellas criaturas. En un principio hacían bromas respecto a tener a un brujo gobernando, confiados en que no duraría para siempre; luego criticaron sus rituales y finalmente se sorprendieron un poco con los colaboradores que empezaron a aparecer; pero como no era ilegal hablar de ello, ni expresar desacuerdo por radio y televisión, nadie pensó que era algo realmente peligroso.

Así como una boa hipnotiza y luego aprieta poco a poco a sus presas, con una sonrisa y muchas bromas,Zevac expandió su control sobre todos los poderes de la sociedad y destruyó a aquellos que podían ser un estorbo en sus planes. Ahora los demonios eran la clase dominante.

Quienes pudieron adivinar lo que estaba por ocurrir y contaban con los medios de fortuna necesarios, huyeron del país. Los que se quedaron,se conformaban con vivir día a día pasando del miedo a la resignación, convencidos de que era poco lo que podían hacer para cambiar su situación. Se limitaron a seguir “viviendo” lo mejor que podían.

— No me des lecciones de moral Janus — le contestó Selene con tono de fastidio —, tú cazabas esas cosas con nosotros y lo disfrutabas como ninguno ¿Ahora tienes escrúpulos?

— Esas cosas, como tú las llamas — le respondió Janus con tono contenido, pero que dejaba ver la lucha que tenía lugar bajo la superficie—, son ahora mi gente.

— Tú no eres como ellos — y Selene lo miró directamente, negando con la cabeza para reafirmar su mensaje —, basta con que te veas los ojos en un espejo.

— Tampoco soy como ustedes, por eso ya no dejas que te toque ¿verdad?— y le lanzó una mirada afilada, con el punto justo de ira para hacerla temblar, sólo un poco.

— Janus…— pero no sabía cómo terminar.

Él tenía razón, no era humano pero tampoco demonio, era un Mestizo, mitad y mitad, y había vivido 17 años sin saberlo hasta que un día su “amoroso” padre, un demonio mayor, se lo llevó para que formara parte de la clase gobernante. Habían pasado dos años y ahora era toda una celebridad, aunque eran pocos los que realmente conocían de dónde había venido su golpe de suerte.

Janus sabía tan bien como Selene que esa conversación no los llevaría a ninguna parte, la habían tenido tantas veces… Ella e Iliossiempre insistían en que él podía decidir, que la sangre que corría por sus venas no lo definía, pero si algo había aprendido en los últimos dos años era que las cosas no eran nunca blancas o negras, que el bien y el mal dependían de dónde estuvieras parado.

Así que para evitarse la charla filosófica, abrió el cajón de su escritorio y sacó tres frascos que contenían una especie de arenilla muy fina de color negro que brillaba como si estuviese mezclada con escarcha.

— ¿Sabes que me puedo meter en muchos problemas por esto? — dijo señalando los frascos.

— Si cazas a los que no van a extrañar en el gobierno, a nadie va a interesarle. Tú lo sabes y yo también. Así que no intentes darme lástima, la actitud patética no va bien con tu ropa cara.

— ¿Y si no quiero hacerlo más?

— Lo haré yo. No voy a permitir que la gente muera Janus.

Recogió los frascos y los metió en su mochila. Quería salir de ahí, sabía lo que diría Janus a continuación. Siempre todo terminaba de la misma manera.

— Selene, tú e Ilios deben salir de Gorgos — allí iba otra vez la advertencia que tenía dos años escuchando, ya Selene se estaba quedando sin respuestas ingeniosas—. Esto se va a poner más difícil. No puedo protegerlos a ambos y hacer lo que debo hacer al mismo tiempo. Inevitablemente van a quedar atrapados en el medio.

— Sabes muy bien lo que piensa Ilios sobre eso — le respondió encogiéndose de hombros.

— Pero tú puedes convencerlo — Janus alzó su mano tratando de tocar el brazo de Selene, pero la dejó caer en el último momento —. Dile la verdad, SOY MALO Y ME GUSTA. Les daré suficiente dinero para que puedan tener una vida normal en otro lado. No más muerte, no más guerra, no más intentos vanos de salvar a Janus porque a estas alturas ya soy causa perdida.

— ¿Y dónde quedaría la diversión entonces?— y diciendo esto le dio la espalda abandonando la oficina.

 

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