Publicado en Cosas que pasan

Intento ir a una fiesta …

309111Mi querida hermana vive preocupada por mi falta de vida social. Ella no puede entender que prefiera la compañía de libros, películas y personas cuyo nombre comienza con una @ que de gente real. La cosa que es cuando era una veinteañera yo era la perfecta definición de una “party girl” (con todo y libro negro) y ahora estoy, básicamente retirada. Ayuda mucho el hecho de que las personas de mi edad, ya tienen hijos y sus convites sociales se reducen al cumpleaños de Miguelito o la Primera Comunión de Josefina. Las mujeres hablan sobre lo rápido que los muchachitos pierden los zapatos, del precio del kilo de cebolla y de lo bien que a sus hijos les va en el colegio. Los hombres hablan entre ellos de negocios, de lo mal que está de economía y de política.

hay-dos-cosas-infinitasDos veces he tratado de hacer conversación en esas fiestas. En una, un bruto que se la daba de psicólogo me dijo que la culpa de que la juventud no sirviera para nada la tenían  todos esos libros de fantasía que a los jóvenes les gustaba leer. En la otra, un sujeto tuvo la desfachatez de decir que a las clases más bajas no debería permitírseles votar porque su baja educación no los calificaba para decidir los destinos del país; cuando intenté explicarle que ese era el concepto básico de la ciudadanía romana que había derivado en la caída del Imperio me miró con ojos vacíos, intenté nuevamente con Marx, explicándole la teoría sobre el Lumpen y lo erróneo de basar un enfoque anticomunista en un concepto esgrimido por el padre del comunismo…siguió sin entender.

Por eso cuando mi querido Chema planificó su fiesta de cumpleaños y la anunció por Facebook, lo dudé. No obstante, la fiesta era en un parque, con juegos didácticos, clases de Yoga y hasta una mujer que iba a leer el Tarot, una especie de Carnaval infantil para adultos. Contacté a Chema (quien es un sujeto encantador que estudiaba Antropología en la Universidad cuando yo estudiaba Periodismo y como vivíamos cerca éramos compañeros de transporte), le pregunté si tenía que llevar algo y me decidí a ir.

Acto seguido llamé a mi hermana (Productora extraordinaria, por demás) con la típica pregunta. “Mañana voy a una Fiesta en un parque, tengo que llevar algo de comer ¿qué compro?”. Con tan poco tiempo de antelación, lo único que cruzaba mi mente eran un par de bolsas de Doritos y una salsa preparada, pero haciendo uso de las habilidades que la han hecho famosa, mi Paty contactó a su panadero de confianza y a la mañana siguiente tenía cinco bandejas de mini pizzas y la sonrisa de mi hermana, contentísima porque yo iba a interactuar con gente de verdad.

Manejé los 40 kilómetros que separan mi pueblo del parque bajo un aguacero, me equivoqué en la entrada del estacionamiento y me metí por la salida, lo que me ganó una reprimenda de un Guardia Nacional, que terminó sonriendo ante mi infalible batido de pestañas, mi mirada de niñita inocente (sí, todavía funciona)  y mi frase “lo siento mucho, no me di cuenta. Es que no soy de Caracas”.

manten-la-calma-y-respira-hondoArmada con mis cinco badejas de mini pizzas comencé a buscar al fiesta. El mapa de invitación decía “Refugio 12”, o al menos eso recordaba porque no lo imprimí pues los mapas y yo nunca nos hemos llevado bien. Cualquiera que me conoce sabe que mi sentido de la orientación está mucho más abajo de mis habilidades jugando voleibol, …así que me acerqué a un funcionario del parque y le pregunté dónde quedaba eso. “No hay un refugio 12, hay diez kioskos”.

La respuesta no me desalentó, seguramente tenía la dirección mala.  Yo iba a encontrar esa fiesta aunque tuviese que caminar las 75 hectareas del parque. A fin de cuentas, sentido de orientación o no,  pude encontrar la vía de regreso a mi hotel cuando la persona que me invitó me dejó  botada en el Estadio Olímpico de Atenas a las diez de la noche, y eso que en Grecia los letreros ESTÁN EN GRIEGO.

Al menos ya no llovía…

Después de veinticinco minutos del más pegostoso calor (sí ya no llovía, pero la lluvia tempranera había levantado ese sopor típico de los bosques tropicales), con el cabello mojado del sudor, las botas llenas de barro y los brazos cansados de cargar las CINCO BANDEJAS de mini pizzas, saqué mi teléfono.

1594426La cosa es que no tengo el número de Chema. Nuestras interacciones se reducen a las redes sociales.

“Piensa Erikita, piensa”.

Le escribí un Tweet: “estoy perdida. Este es el parque del terror”.

¿Me contestó? ¡NO! Me dio retweet porque aparentemente soy divertidísima.

Balanceando precariamente las bandejas en mis manos, escribí nuevamente: “No me des retweet, oriéntame, no los encuentro”… y mi teléfono se quedó sin bateria.

Recorrí el parque durante media hora más, no encontré la fiesta y ahora tengo cinco bandejas de mini pizzas que conformarán mi alimentación durante la próxima semana.

¡Sí Loki ya entendí!

You should be Writing Loki

 

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2 comentarios sobre “Intento ir a una fiesta …

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