Publicado en Tres dias en Moscu

Si Magneto fuese ruso: Vadim y Marianne en la cocina

magneto__michael_fassbender_by_axxaxxin-d495r7iEstaba viendo, un poco atrasado, X Men: Días del Futuro Pasado, y esto se me ocurrió (disculpen los errores, pero lo escribí ahorita, directo en el blog):

Vadim cocinaba y Marianne buscanba el momento preciso para decirle lo que tenía en mente. La cuestión era que “el momento” le estaba tomando mucho tiempo porque constantemente se distraía simplemente al ver a aquel hombre enorme trajinar entre las cacerolas y remover la salsa. Incluso era sexy cuando aderezaba la ensalada lo que le hacía recordar lo bueno que era “aderezando” cualquier cosa…

“Enfócate Marianne”, se regañó mentalmente, “díselo de una vez”.

-¿Vadim?

-¿Si? -le respondió sin mirarla.

-Quiero ir a París.

Por un momento Vadim se quedó muy quieto. Luego dio una removida más a la salsa, se secó las manos con un trapo y se volteó.

-¿A París? -le preguntó arrecostándose en la encimera de la cocina y cruzando las manos sobre el pecho. Su expresión se había vuelto completamente neutra, como la de la estatua que algunas veces representaba.

-Contigo, claro -se apresuró a explicar Marianne-. Quiero que los dos vayamos, que me lleves a París, en tu avión o en línea comercial, no importa.

Ya estaba hecho. Lo había dicho, así que respiró y se preparó para lo que viniera a continuación.

-¿Por qué quieres ir a París Marianne? -le preguntó ladeando la cabeza pero sin sonreír.

Por un momento pensó decirle algo como “es que es tan romántico…” o “tú lo ofreciste”, tal vez incluso “quiero ir de compras como Kim Kardashian”, pero luego recordó que se había prometido no decirle ni una mentirilla más, así que volvió a tomar aire antes de hablar.

-Para ver a Sergei -dijo tímidamente repitiéndose mentalmente que no tenía nada de malo que quisiera ir a ver a Sergei, que los amigos se preocupan unos por otros-. Han pasado tres meses y él está allá solito y…

-No -la interrumpió.

-Pero no sabemos cómo le va, si está deprimido. Podría estar bebiendo o metiéndose en problemas ¿qué tal si decide saltar de uno de los puentes sobre el Sena? ¿o le da por comer caracoles? -hizo una mueca de asco.

-No.

-¿No te preocupa Sergei? -le preguntó como si no pudiera creerlo-. ¿Estás celoso? ¿Después de todo este tiempo? ¡Ni siquiera tú puedes ser tan vengativo!

-No.

-¿No qué? -le preguntó exasperada-. ¿Puedes dejar por un segundo de encarnar tu Vadim monosilábico y darme una respuesta de más de tres palabras? Porque, honestamente, pareces un niñito malcriado que no quiere ir a la cama o darse un baño: “no, no, no”;  y, como tú mismo has declarado en múltiples oportunidades, ya estás bastante crecidito para el papel, cosa que yo puedo testificar ante un jurado porque crecidito, crecidito estás, en unas partes más que en otras.

-¿En unas partes más que en otras? -le respondió con una media sonrisa que insinuaba muchas cosas y comenzó a caminar hacia ella-. Se me ocurren unas cuantas cosas para enseñarte cuan “crecidito” me puedo poner. Además, a mi me encanta ir a la cama y darme largos baños, más si estoy contigo. Nunca protestaría por eso. Así que si es una insinuación…

-¡Alto ahí señor! -le advirtió Marianne usando sus manos como barrera porque sabía que si llegaba a tocarla tenía miles de recursos para hacer que se olvidara de Sergei por las siguientes horas-. Estamos teniendo una discusión.

Vadim suspiró y se sentó en la silla frente a Marianne.

-No estoy celoso -declaró solemne-, pero no vamos a ir a París a supervisar a Sergei como si fuese un niño pequeño. Él necesita crecer, madurar, tomar sus propias decisiones, hacerse cargo de su vida y nosotros, como sus amigos, debemos dejarlo solo.

-¡Si somos sus amigos no podemos dejarlo solo! -Marianne movió sus manos de un lado a otro-. Eso es tan absurdo como la trama de Los Hombres X: Días del futuro pasado.

-Si lo piensas bien verás que no es absurdo -dijo él, conciliador.

-¡Claro que sí! -exclamó ella sorprendida-. ¿Cómo va a estar vivo el Profesor X en un universo en el que Jean Grey murió cuando fue ella la quien lo mató y luego Wolverine la mató a ella? Entiendo que Brian Singer tratara de recuperar el desastre que el último director hizo con la trama pero solo la volvió más, más…

-Marianne -la interrumpió Vadim apretándole la mano-, no estoy hablando de Los Hombres X, ni de ningún otro personaje del universo Marvel, quienes quieran que sean.

-Bueno está Thor, también Iron Man… -le contestó ella e inmediatamente se mordió la lengua avergonzada como cada vez que su nerd interior salía a flote delante de ese hombre tan serio que era Vadim. Con Sergei podía hablar de esas cosas, ver The Walking Dead o Hijos de la Anarquía y comentarla como si  se tratara  de algo real, sin sentirse “poco seria”. El ucraniano era uno de sus mejores amigos y lo extrañaba un montón-. ¿Sabes que una vez te comparé con Magneto?

-¿Crees que me parezco a Sir Ian McKellen? -preguntó como si no pudiera aguantar la risa.

-No, eres un Magneto más como Michael Fassbender.

-Te amo -le dijo él, sabiéndo instintivamente que ella necesitaba oirlo, pues cuando se ponía hablar de superhéroes y a compraralos con personas de la vida real era porque estaba genuinamente preocupada.

-¿Aún cuando te compare con un villano mutante?

-Tú amas los villanos mutantes, los delincuentes en moto, a Loki e incluso le ibas al Soldado de Invierno en la pellícula del Capitán América, así que ser tu Magneto es un honor.

-Necesitamos ir a París -insistió ella-, ponernos nuestras capas y trajes de cuero e ir a rescatarlo.

-Sergei no necesita rescate, necesita vivir -Marianne hizo amago de interrumpirlo, pero Vadim continuó-. Si se mete en un problema que no pueda resolver, lo sabré e iremos…

-¿Lo tienes vigilado? -le preguntó ella horrorizada.

Vadim simplemente se encogió de hombros tratando de parecer avergonzado pero no lo parecía en lo más minimo. Luego se paró y continuó ocupándose de la cena.

-Es mi hermano y lo quiero. No lo voy a dejar en París sin supervisión -Puso la pasta en el agua hirviendo y le dió otra removida a la salsa-. Además, me estoy entrenando en todo eso de saber pero no abrumar para cuando tengamos hijos.

-¿Vas a vigilar a nuestros hijos? -le preguntó ella divertida y Vadim enderezó la espalda.

Había previsto que el tema la aterraría, como cualquiera que ameritara un compromiso, y no que se lo tomara a la ligera.

-Cásate conmigo -le dijo mientras todavía removía la salsa. Luego volteó y le sonrió como el lobo antes de comerse a la abuelita de Caperucita-, en París, la semana que viene.

-¡Mafioso ruso chantajista! -estalló ella tratando de parecer indignada, pero se estaba riendo-. Vaya que eres un Rasputín maquiavélico.

-Pensé que eso ya lo teníamos claro -sonrió- En serio Marianne, vamos a casarnos en París.

-No -le dijo ella encogiéndose de hombros como tantas otras veces que él se lo había preguntado, sin explicaciones, justificaciones o discusiones de por medio-. ¿Cuándo estará la cena?

-En cinco minutos -le respondió él calmado y continuó cocinando, no derrotado ni molesto, sino haciendo planes, pues cada día se convencía más de que ese “sí” llegaría de la misma forma en que ella había llegado a su vida, es decir, cuando menos lo esperara.

No obstante, cuando eso sucediera estaría preparado.

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4 comentarios sobre “Si Magneto fuese ruso: Vadim y Marianne en la cocina

  1. Me encanto saber algo más de Vadim y Marianne. Tendremos algo mas de ellos en tus próximos libros estimada Erika? Eres muy talentosa, de mis escritoras favoritas. Muchas felicidades y sigue escribiendo por favor!!

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  2. No puedo esperar a que termines ese libro!!! Yo solo quiero saber más sobre Marianne, Vadim y Sergei!!

    Me pasa lo mismo que con Sorel, Andras, Cash y Georgia! Cuando sabremos si va a haber más libros??

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