Publicado en En Libros

Es una novela, no sopa de pollo

writerHace unos días coloqué en mi cuenta de Instagram una foto de una página de la novela que estoy escribiendo. En ella se veía un nombre: Sergei Petrov. Lo que sucedió a continuación era de esperarse y es completa y absolutamente mi culpa. No había terminado de publicar la foto cuando varias personas comenzaron a preguntar ¿Para cuándo? o a decirme ¡Apúrate!. Para decepción de muchos debo admitir que la foto era apenas del primer capítulo.

sergeipetrovYa quisiera yo poder escribir cuatro novelas al año, pero la cuestión es que terminar una de mis novelas, que casi todo el mundo parece coincidir en que son cortas, requiere tiempo. No es como hacer una sopita de pollo, ni siquiera es igual al tiempo que se tarda en leerla y, adicionalmente a ese mínimo detalle de “escribirla”, hay otros pasos en el proceso que toman incluso más tiempo aun.

Hablaré de mi caso particular porque como no soy amiga de otros escritores ni he trabajado nunca con otra editorial que no sea Harlequin, mal puedo generalizar. Además creo que el proceso es diferente para cada persona. Primero necesito la idea, los personajes. Tomemos por ejemplo al muy amado Sergei Petrov, lo conocemos, es bailarín, hermoso, carismático, mujeriego, borracho y, debido a todos estos atributos, propenso a meterse en problemas. Como una vez dijo Marianne “una mezcla de petulancia con tristeza”. Entonces nos vemos en la necesidad de conseguirle una novia. ¿Quién es ella? ¿Cómo se ve? ¿Qué tipo de personalidad tiene? ¿Cuál es su historia? ¿Qué tipo de relación va a tener con nuestro muchacho?. Una vez definido esto vamos con la historia: el inicio, el nudo y el final, es decir, cómo se conocen, cuál será la dificultad para su relación y cómo termina.

Una vez que todo esto está definido, comienzo a escribir. No puedo comenzar una historia sin saber cómo va a terminar y que conste que no vale simplemente decir “van a terminar juntos”.

Aquí comienzan las matemáticas. Yo tengo un trabajo con el que compro los tomates y pago el teléfono y, además, vivo en Venezuela donde moverte de un lado a otro, producto del tráfico, camiones que se voltean y mal estado de las vías, toma horas. Eso sin contar el tiempo que pasas haciendo la cola para comprar leche o visitando cinco o seis supermercados para conseguir azúcar. Adicionalmente tengo una casa lo que significa que debo hacer la comida, tender las camas y lavar la ropa. En conclusión, no puedo, no tengo tiempo y algunas veces estoy demasiado cansada para escribir todos los días.

Así que asumamos que escribo cuatro días a la semana,  mil quinientas palabras cada vez que me siento (eso si no me da un ataque y decido que no me gustó cómo quedó el último capítulo que escribí y lo borro), lo que hace 6 mil palabras al mes. Eso sería, siendo muy optimista, tres meses y medio para terminar un primer borrador de una historia. Luego debes dejarlo “reposar”, al menos tres semanas más para distanciarte de él. No obstante, en ese tiempo no dejas de pensar en lo que te pudo haber faltado o lo que quisieras agregar, y luego empiezas con los cambios y correcciones de fondo. No se trata de comas, palabras repetidas o mal uso del tiempo verbal. Se trata de la historia, sus huecos, la evolución de los personajes, si no se contradicen, etc. Eso puede tomar entre dos semanas y un mes, dependiendo de la cantidad de cambios que hagas y el tiempo del que dispongas para hacerlo. Ya estamos hablando de al menos cinco meses para tenerla “lista”.

118464743_640La última novela que escribí la comencé en enero y cuando  tenía como quince mil palabras noté  un error de concordancia con la actividad que desarrollaban los personajes y el lugar donde vivían. Intenté arreglarla pero al cambiarle la profesión a mis protagonistas los cambié a ellos y todo lo que tenía escrito no servía para nada. La borré y tuve que empezar de casi de cero (digo casi porque conservé los nombres y una escena). La terminé a finales de julio mientras estaba de vacaciones en Panamá, porque estaba de vacaciones y tenía tiempo, y se la envié a mi editora. Por cierto, mientras le terminaba de dar los toques a ese borrador también hacía las últimas correcciones de Tres días en Moscú que sería publicada dos meses después.

Es aquí cuando la otra parte del proceso comienza.

No puedes esperar que cuando aprietas el botón de enviar de tu correo electrónico, tu editor deje todo lo que está haciendo para leer lo que le has mandado. Esa persona también tiene un proceso, otras cosas que hacer y decenas de autores que atender. Usualmente toma entre tres semanas y mes y medio saber qué piensa del borrador que mandaste y en ese lapso de tiempo me despierto casi cada noche como a las cuatro de la madrugada para revisar el correo a ver si hay alguna respuesta (por la diferencia horaria, los correos de la editorial llegan entre cuatro y ocho de la mañana).

Cuando la respuesta llega tiemblo, me quedo parada con el teléfono en la mano mirando a mi alrededor, evaluando si será un buen lugar para que me de un arrebato histérico con todo y llanto o si sería mejor que me siente en el suelo hecha una bola en caso de que la respuesta en negativa. En algunos casos la respuesta es “sí” y sonrío y hago un pequeño bailecito silencioso; en otros casos desde la editorial sugieren cambios lo cual es aún mejor porque sientes que hay alguien en el otro lado del mundo que se preocupa porque el trabajo que presentes tenga la mejor calidad posible.

foxinition16En el caso de esta última novela las sugerencias eran absolutamente válidas, hasta obvias. Sabía desde el principio que faltaba algo pero no podía precisarlo hasta que me lo señalaron. Los cambios implicaban escribir capítulos nuevos y cuando haces eso en la mitad casi es obligatorio hacer otros cambios de fondo en el trayecto. De hecho, hasta escribí un final nuevo porque después de los cambios el primer final no era suficiente. Adicionalmente, en ese momento tenía una situación familiar complicada por lo que me fue imposible trabajar en los cambios inmediatamente y me tomó más de un mes arreglar el entuerto y mandar las correcciones. Un mes y medio después, mi editora me contestó.

¿Qué pasa ahora? En algún momento del mes de noviembre debo firmar el contrato para esa novela  que comencé a escribir en enero. Eso son diez meses desde que escribí el famoso “Capítulo 1”. Una vez que eso suceda (el contrato vendrá de España a Venezuela, lo firmaré y lo enviaré nuevamente de vuelta a España, proceso que toma más o menos una semana y media), la editorial decidirá la fecha de publicación por lo que pueden pasar seis meses más para que  la mencionada novela vea la luz porque hay una programación y otros autores. Recuerdo que firmé el contrato de Tres días en Moscú en enero de este año y se publicó en agosto. Así son los lapsos.

Luego, faltando un par de meses para la publicación vienen las correcciones de forma. El corrector trabaja en el manuscrito, me lo envía arreglado (con los verbos como son, los subjuntivos adecuados, los aglicismos reducidos al mínimo, las nuevas reglas de la Real Academia aplicadas -resulta que hay palabras que ya no llevan acento- etc.) y yo lo reviso y, sí, lo cambio. Ya los cambios no son de fondo sino de forma: me parece que este párrafo está muy largo, le falta una coma, repetí la palabras “algunos” treinta veces en una página. Envío los cambios, corrigen la novela y me la vuelven a enviar para que la vuelva a leer. Puede ir y venir tres o cuatro veces (en este punto mis ojos sangran) antes que decida que estoy ciega y no puedo volverla a leer, que odio todos los personajes, que odio la trama, que odio al mundo y que prefiero destapar cañerías o planchar ropa antes de escribir otra novela.

Luego te sientas y esperas hasta que te mandan la portada. La mayoría de las veces viene una definitiva, otras te mandan dos o tres para que opines.

Sólo en ese momento está verdaderamente lista y esperas el día que sale publicada caminando de un lado al otro en tú casa sufriendo, pensando que el mundo entero va a odiarla, que no vas a vender ni doscientas copias, que tienes que buscar otra cosa que hacer con tu vida, que para qué vas a empezar otra historia, etc, etc.

Por cierto, mientras todo esto ocurre, no puedes olvidar a tus otros hijos. Así que pasas tiempo en las redes sociales recordándole a los lectores que existes y que tus otros libros son lindos y divertidos (al menos eso esperabas cuando los escribiste) y les haría bien leerlos cualquier tardecita que estén aburridos porque ¿a quién no le gustan los hombres bellos, que hablan con un acento exótico, las mujeres neuróticas que buscan su lugar en el mundo, los bares y el sexo desenfrenado?

Este es el largo y tortuoso proceso de publicar una novela. Toma mucho tiempo, pensando, frente al ordenador creando, corrigiendo y volviendo a pensar. Toma tiempo también de otras personas: editores, correctores, etc. Toma tiempo publicitarla, darla a conocer, decirle a las personas que hay un libro que probablemente les agradaría leer.

Tengan eso en cuenta la próxima vez que pongan en su buscador de google el título de una novela para descargarla gratis, pues no es solo el trabajo en horas que implica para varias personas, también les recuerdo que si una novela no se vende, la próxima de una misma saga, o de una saga distinta pero del mismo autor, puede no ser publicada nunca pues es más el gasto, no solo económico sino físico (tus ojos arden, ahora necesito usar anteojos cuando me siento a escribir) y emocional, que el beneficio.

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Un comentario sobre “Es una novela, no sopa de pollo

  1. Me siento tan identificada con tantas de las cosas que dices que hasta estoy perdiendo vista por momentos… También he aprendido mucho como siempre lo hago con todo lo que escribes. Qué bien te explicas, Erika. No debería ser tan difícil hacerlo entender :/

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