Publicado en Cosas que pasan, Un libro para Cash

¿Y ahora qué?

yahoraqué

Pues no tengo la menor idea.

Un libro para Cash acaba de ser publicado y no tengo nada listo para una próxima novela, lo que quiere decir que si no me apuro no tendré un título nuevo publicado el año que viene.

Hace ocho meses publiqué en este blog las historias en las que estaba trabajando. Confiaba en que alguna de ella estaría lista antes de la publicación de Cash, pero nada.

No se trata de un “bloqueo” propiamente dicho. Si consigo sentarme a escribir lo hago…mil o dos mil palabras en una tarde (a ese paso constante el primer borrador estaría listo en dos meses y todas esas historias tienen ya listas más de 20 mil palabras cada una, lo cual es un gran avance); el problema está en obligarme a hacerlo. Tengo tiempo, lo que no tengo es ganas.

¿Será que ya no me gusta escribir? No, no es eso. Lo que sucede es que escribir es un trabajo feliz que requiere de paz y concentración. Lamentablemente, por más que intente separarme de la vida exterior, de levantar paredes a mi alrededor para escapar,  no vivo en un sitio que sea un caldo de cultivo para la paz mental y esa falta de concentración me hace saltar de una historia a otra sin dedicarme particularmente en una.

No quiero que nadie piense “pobrecilla Erika. Es venezolana y tiene que hacer filas de dos horas para comprar café”. No se trata de eso. Soy de las que cree que si no hay café pues no tomo café y si debo comer tortilla de acelgas, ensalada de repollo y sopa de calabaza pues eso comeré hasta el fin de los días, lo disfruto y me hace feliz. No soy una persona de “alto mantenimiento”. Tengo todo lo que necesito (¡hasta tengo Netflix!) y mi único gasto “de lujo” son libros que pago con la venta de MIS LIBROS.

Pero por más que intentes pasar del caos, siempre te afecta de alguna manera. A fin de cuentas, los humanos somos seres sociales por más filosofía anacoreta que empleemos.

Sin darte cuenta, un día cualquiera, notas que te quedan tres desodorantes y aunque no quieras piensas: “¿y cuándo se acaben esos?”. Te llama tu mejor amiga que vive en Panamá (son poco más de dos horas en avión) para preguntarte cuándo irás a visitarla  y tienes que recordarle que conseguir un pasaje de avión es difícil y que la venta de dólares está prohibida y las tarjetas de crédito bloqueadas en el exterior, por lo que tampoco puedes comprar el pasaje fuera de Venezuela. Un día sales y compras una Coca Cola porque hace mucho calor y notas que el billete de más alta denominación existente en el país no te alcanza para comprar una soda y que necesitas cuatro de esos billetes de más alta denominación para comprar un kilo de tomate.

A mediados de julio recibí una llamada a media noche. Un conocido de muchos años había sido secuestrado. Dos semanas después estaba muerto. Sus hijos adolescentes ahora quedan huérfanos. Esas cosas pasan aquí. No como un hecho que lees en el periódico, distante y ajeno, sino como una realidad que te toca porque las personas detrás de las noticias las conoces. Cualquiera ha sufrido las consecuencias de la violencia.

Para vivir aquí hay que tener una especie de armadura, no contra el que te roba para quitarte la bolsa del mercado, sino contra los sentimientos. De lo contrario solo sentirías pánico cuando sales a la calle, desesperación cuando notas que solo te quedan dos kilos de azúcar en la despensa, impotencia cuando no consigues la medicina para la hipertensión de tu mamá, mucha tristeza cuando uno a uno tus amigos se van y, sobre todo, rabia, cuando te das cuenta que no puedes hacer nada para cambiar tu situación y solo te queda la desolación de un futuro incierto.

Lamentablemente las armaduras no son una bufanda. Ponertelas lleva tiempo y quitártelas también y no se puede escribir con la armadura puesta porque, además de que son muy incómodas para estar sentada y teclear, para escribir necesitas honestidad y sonrisas. Al menos, yo lo necesito.

No me desespero. Sigo intentando y debo admitir que la publicación de Un libro para Cash me ha hecho bien. Cada comentario, cada reseña (inclusos esos que dicen que mi dialecto latinoamericano no se entiende o que mis novelas no son lo suficientemente profundas) me hacen feliz porque me demuestran que sigo allí, viva, haciendo algo que me gusta y que otras personas que no conozco y que viven en otras partes del mundo pagan por leer. Eso vale más que un paquete de arroz en el mercado negro o una elusiva medicina para el asma, porque cuando abres el twitter o el facebook no solo encuentras noticias del cierre de la frontera, la devaluación constante o la inflación de tres dígitos; también encuentras mensajes que son solo para ti, que te dicen que eres más que un grano de arena en medio del torbellino malsano que te rodea, que un número en la cola de la leche, que una persona que recorre siete farmacias tratando de encontrar un antibiótico para su papá.

Hace un par de noches desperté con una idea y en dos días he escrito casi seis mil palabras. No es lo ideal porque es una distracción de los otros proyectos que ya estaban encaminados y es un muchacho barbudo y tatuado y, en serio,  debería darle un descanso a los “chicos malos” después de Cash porque no me gusta repetirme, pero uno debe aprovechar las ganas cuando llegan.

En fin, esta entrada no salió como se suponía. Debía ser una especie de update para decirle a Marisa que le hice caso y la novela histórica tiene ya 40 mil palabras; que mis intentos paranormales se parecen mucho a otras cosas; que aquella mujer que quería una cita avanzó rápidamente y luego se detuvo porque esas cosas pueden pasar cuando no planeas bien el final antes de comenzar a escribir; que Sergei fue borrado después de 15 mil palabras porque la pareja que había pensado para él merece un libro para ella sola y no tiene ninguna química con el ucraniano, y que es probable que nunca haya #UnlibroparaMason porque estoy enamorada de él y es solo mío.

Sí se suponía que sería una entrada divertida y optimista, pero les prometo que mañana estaré mejor.

Los quiero…

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12 comentarios sobre “¿Y ahora qué?

  1. Puede que no sea la entrada que querías escribir, Erika, pero es una gran entrada. Desnuda y sincera como ella sola. A otro nivel, qué bien entiendo lo de las armaduras y las bufandas. Me ha encantado el símil. Pero, venga, a por todas esas palabras que te quedan por escribir. Disfrútalas!

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  2. jajaja te comprendo, mucho, mucho. Ojalá y la tranquilidad regrese para escribir como antes. Lamento tus infortunios, los vivimos a diario. Fortaleza, que nada nos derrumbe.
    El libro para Cash lo tengo en mi kindle. Estoy ansiosa por terminar la lectura que tengo ahora para iniciarlo, pero es que hasta la lectura no fluye como antes. Poco a poco avanzaremos. Mucha suerte con tus nuevos proyectos 😀

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      1. la vida (como sea que sea la que tenemos) es un vicio muy grandes por eso el lema ese de “un día a la vez” de AA también se aplica en este caso 🙂

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  3. Para mi, me gusto leerte a ti así; por que tu realidad es la de muchos de nosotros y así como tu te encierras en una burbuja de risas, yo tu lectora, cuando tengo uno de tus libros me encierro en mi propio burbuja. Por eso esta entrada “quejosa, de grito de frustración y también de animo para uno mismo”, me gusto (por decir lo menos)

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  4. No sé qué decir aparte de que nosotros también te queremos, y que yo leería cualquier cosa que escribas. Paranormal, amores frustrados de Sergei y por supuesto histórica. Esta tarde me he bebido Un libro para Cash para celebrar que iniciaba mis vacaciones,y me has vuelto a arrancar sonrisas, pensamientos libidnosos y además me has hecho pensar y reconsiderar cosas. He disfrutado cada línea, me has llevado allí y espero (sé) que eso significa algo. Ojalá que sea suficiente para apartar aunque sea por un momento todo lo que no depende de ti.
    Así que doy gracias por todo lo que sea te haga escribir, lamento profundamente que Mason sea solo tuyo y, eso sí, te aeguro que no me olvidaré de esa novela histórica!!! ^ ^

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  5. Animo Erika, es dificil, es triste y frustrante. No hay que disculparse, tu entrada es impecable.
    Decirte que fuiste todo un descubrimiento, que tengo todas las novelas que has publicado y que te googleo de vez en cuando para ver si has publicado de nuevo.
    Gracias a tus obras eres mi amiga, aquella que me acompaña en tardes y noches, con tu libro entre mis manos, que hace que me olvide de mis problemas y penas, porque cuando estoy contigo y tus personajes me evado de mis preocupaciones o tristezas. Tienes ya un buen espacio en mi estanteria, mi casa tambien es tu casa. Un abrazo

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  6. Querida Erika, no te disculpes por la entrada, he leído todos tus libros y también me gusta leer lo que nos cuentas, sea lo que sea, en lo bueno y en lo malo, sólo puedo decirte, gracias por tus libros, se que no puedo hacer más que mandarte ánimos y pedirte que sigas.

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