Publicado en En Cine y TV

Dr. Strange….no tan extraño

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Finalmente vencí mi agorafobia (no soy agorafóbica, pero con esta situación-país, salir a la calle es todo un reto) y fui a ver lo nuevo de Marvel: Dr. Strange. ¿Las razones? A pesar de mis coqueteos con DC, soy una chica Marvel y, lo más importante: Benedict Cumberbatch.

Dr. Strange es la típica historia del nacimiento de un superhéroe que hemos visto más de una vez en la pantalla ahora que están tan de moda. Sin embargo, cada una de ellas tiene ese toque que la hace especial. En Iron Man fue ese guión que nos dio el ácido sentido del humor de Tony Stark que se ha mantenido en todas las entregas, y en Thor no fue, como muchas puedan creer, la marvilla que representa Chris Hemsworth sin camisa (aunque ayuda), sino el fantástico trabajo de Kenneth Brannagh en la dirección, que convirtió la película de uno de los superhéroes menos populares de Marvel en una drama shakesperiano de intrigas de corte y hermanos enfrentados.

En Dr. Strange lo genial, eso que nos hace pasar por alto el ritmo lento inicial, las pocas escenas de acción y un villano poco desarrollado en lo que se refiere a sus motivos, son unas actuaciones excepcionales y unos efectos especiales que nos hacen pensar en premios por venir.

Son Benedict Cumberbatch, Tilda Swinton y Mads Mikkelsen los que hacen que creas la historia, que te intereses por ella, aun cuando la magia multidimencional de estos hechiceros que exploran el llamado “multiverso” sea un poco complicada para aquellos no muy aficionados a los comics. Las actuaciones son tan sólidas que convierten a Dr. Strange en una de esas películas que no me molestaría volver a ver.

Stephen Strange no posee en sentido del humor de Tony Stark o Spiderman, el físico de Thor o del Capitán América o la lucha interna de Hulk, y por ello no creo que hubiese alguien mejor que Benedict Cumberbatch para interpretar al doctor presumido y ególatra, brillante, que trata de ser gracioso y es gracioso precisamente porque no lo logra. No es una cuestión de físico o de habilidades en batalla, es una cuestión de “intensidad” y ese británico es intenso.

Mención especial a los efectos especiales. Son “El Origen” con esteroides y un poquito de anfetaminas. Te llevan a una realidad que cambia ante tus ojos convirtiendo la magia en algo físico con cierto toque místico.

Me gustó mucho la película y en la escena post-créditos, esas que Marvel ha convertido en obligación, grité porque no esperaba esa escena que ya me abre el apetito para lo que será Thor Ragnarok.

 

 

 

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