Publicado en Cuatro días en Londres, Tres dias en Moscu, Un libro para Cash, Una Sonata para ti

Es el turno de Sergei

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No sé si lo había comentado con anterioridad, probablemente sí, pero cuando escribí Tres días en Moscú, creí que ese sería el libro para Sergei; por eso inicia con él, con esa incursión en su mente, en su estado de ánimo. Sin embargo, tras terminar el primer capítulo me di cuenta de que por más que lo intentará (desde el primer libro) él y Marianne nunca funcionarían, que la historia de Vadim y Marianne necesitaba una continuación y, por sobre todas las cosas, que Sergei todavía no estaba listo.

Así que después del primer capítulo, cambié el enfoque de la novela, y dejé a Sergei madurar. Tenía tiempo pues sabía que después de Tres días en Moscú vendría Un Libro para Cash, por eso el epílogo de Tres días en Moscú es sobre Cash, no sobre Sergei, aunque, obviamente, nadie podía saberlo en ese momento.

cashRecuerdo que estaba en Panamá de vacaciones cuando Tres días en Moscú salió en preventa y fue justo en ese momento que terminé Un Libro para Cash (sí, en esa época de mi vida escribí bastante. Las colas por comida en Venezuela no eran tan terribles, tenía computadora propia, etc. Mi vida era diferente), lo envié a mi editora y a mi lectora beta, la gran Odalys, y esperé.

Sorpresivamente ambas coincidieron en una cosa: ¿dónde está Gabrielle?. Me reí y les dije: “ella está reservada para cierto bailarín ucraniano”. Porque Gabrielle fue un personaje que cobró vida poco a poco. La Georgia inicial de Un libro para Cash no tenía una hermana, ella vino después cuando me vi en la necesidad de borrar todo y comenzar nuevamente y mientras construía a la nueva Georgia, Gabrielle también tomaba vida, pero en un universo diferente, paralelo.

Todo parecía perfecto. Por alguna razón extraña, me gusta “conectar” mis novelas. Sergei entra en un bar en Tres días en Moscú y alguien está tocando la Rapsodia Húngara, es una escena de Una Sonata para ti; Mason de Un Libro para Cash es el novio de Alex, la mejor amiga de Marianne en Cuatro días en Londres y Tres días en Moscú.

Esa manía mía de conectar de alguna forma mis novelas, no se equivoquen, es un trabajo odioso que empecé y ahora no puedo parar, como un vicio. Es fastidioso conectar las líneas temporales (probablemente se me haya escapado alguna) y además un trabajo extra hacer de cada novela una fotografía única que pueda entenderse sin leer las otras, pero que adquieren una especie de “extra” cuando se han leído todas. Así soy yo, me gusta complicarme la vida.

Así pues, la mesa estaba servida: La conexión estaba hecha, la historia dibujada, solo me faltaba sentarme a escribir y presentar a ese par de seres complicados. Comencé así y las cosas, como generalmente ocurre, no funcionaron como lo tenía previsto. Sergei y Gabrielle funcionaban, sí, pero de una forma extraña; tenían “química”, pero una muy rara. Faltaba algo.

sonataFrustrada borré y escribí de nuevo, una y otra vez, y todavía nada. En el proceso escribí Pregúntame Mañana, una novela que disfruté mucho poder terminar y que hizo de Tristan Van Aken el novio literario de más de una lectora (con la ventaja adicional que no se puede conectar con ninguna otra de mis novelas), y Sergei seguía allí esperando su turno pacientemente. Fue una noche cuando la pieza faltante del rompecabezas, esa que te permite apreciar el panorama completo, llegó y lo hizo, precisamente, con esas trabajosas conexiones con otra de mis novelas: Una sonata para ti.

Hay un cabo suelto en Una sonata para ti, uno que siempre creí que quedó así por culpa de mi inexperiencia, pero la mente  trabaja de formas misteriosas y ese cabo suelto fue el que hizo encajar las piezas de Una vida en París.

Recuerdo que en lo que encontré la conexión, reformé la novela corriendo porque ya sabía a dónde iba la cosa y le envié la mitad a Odalys quien generalmente es mi Lectora Beta. Recibí de ella un correo con sus observaciones, pero no decía nada sobre la conexión. Dos días después me escribió: estaba en medio de una clase cuando su mente hizo sinapsis y, me contó, que casi dio un grito en medio de la lección diciendo: “¿ESO QUIERE DECIR QUE…NO PUEDE SER?”

Es por eso que Una sonata para ti está ahora en oferta justo antes de que salga Una vida en París, para que todos quienes quieran tengan la oportunidad de tener la misma reacción que Odalys.

De todas formas, no se preocupen. Si no leen las otras estará bien de todas formas. Como dije, mis novelas son como esos pequeños cuadritos puestos uno al lado de otro y que  cuando te separas y los ves juntos forman un panorama más grande. Si ves uno solo tendrá sentido, si los ves todos, pues hay más profundidad.

Si has leído Cuatro días en Londres y Tres días en Moscú, entenderás mejor de dónde viene Sergei, su sentimiento de culpa, su exilio en París; si leiste Un libro para Cash conocerás la otra cara de la historia de Gabrielle y si leiste Una sonata para ti, probablemente dirás también ¿ESO QUIERE DECIR QUE…NO PUEDE SER?

Siempre dije que cuando terminara con Vadim, Marianne y Sergei, sería una novela en la que todos mis personajes estarían juntos: Vadim y Marianne se casarían, y en la boda, de la que Sergei sería el padrino, Sorel y Andras tocarían el piano y Cash cantaría el Ave María. Veríamos a Mason vestido de etiqueta acompañado de Georgia en la iglesia pues Alex estaría sosteniendo el ramo de flores de Marianne en el altar.

Como dije, las cosas no funcionan como uno las planifica. Hacer esa novela le hubiese restado espacio a Sergei, a su historia, y ya el ucraniano ha esperado bastante, ya ha sido mucho elemento decorativo y fuente de conflicto. Ahora debe ser el protagonista.

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